Y la jaula se ha vuelto pájaro…

Alberto Bejarano

PERFIL DE ALBERTO BEJARANO (AQUILES CUERVO)

Bogotá (Colombia) 1980.

Escritor de ficciones patafísicas y ucrónicas. Su errancia literaria se inició con el relato fantástico “Fantasmas de ultramar” (1994). Ha publicado cuentos en revistas de primera y segunda mano. “Litchis de Madagascar” fue su primer libro (Editorial El Fin de la Noche de Buenos Aires, 2011). Su primera novela “Ánima victa” se publicará en 2015.

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“Y la jaula se ha vuelto pájaro…”

Hombres, mujeres, parejas que se encuentran y desencuentran, que juegan a ser otros,

 “… se disfrazaban de extraños y bailaban desnudos frente al espejo del placard…”

que planean una vida futura con diferentes identidades y oficios,

 “Charlota y Boris planearon un viaje a Yalta, al extremo oriente de sus sueños. A la península de Crimea. … Planearon una vida juntos, lejos de sus pasados. Lejos de los deberes y de los aguaceros de abril. Los dos serían traductores y cambiarían sus nombres. Se llamarían Laura y Santiago. Empezarían una vida-de-cero.”

Imposible no pensar en el juego de los espejos que a la vez nos muestra un extraño, un alter ego con el que nos quisiéramos reconocer y también que nos interroga, o al menos a mí, como traductora, por qué Charlota y Boris sueñan con convertirse en traductores, oficio que precisamente sitúa al traductor detrás de un autor, duplicando así al infinito los personajes reales y ficticios reflejados por espejos paralelos.

Personajes que parecen salir de westerns, solitarios e insignificantes a semejanza de otros personajes, reales o ficticios, confundidos con los perros, gnomos, conejos, gallos, hiedras, postes que toman vida en los sueños o estados de falsa vigilia.

Trenes, películas, libros, música, ciudades que se entrelazan como las escaleras de Escher, en donde una escalera lleva a otra pero retorna al mismo peldaño de partida porque incluso esos viajes, aparentemente de una sola ida, permiten al protagonista buscar algo que solo podía hallar en ese viaje.

Los guiños culturales están ahí, a veces evidentes, a veces sutiles, según el ojo avizor del lector, como una confirmación del escritor permeado por las palabras ajenas de otros autores, moldeado por la música, las imágenes y los olores.

“Igual, tan rayuelados como estaban se encontraron por azar caminando por el canal Saint Martin unas horas más tarde. Desde esa noche, su vida empezó a rodar a 24 imágenes por segundo. Se regalaron libros de filosofía antigua y de cine posmoderno. Se fueron deslizando por esos días fríos de una París otoñal y la intemperie los forzó a filmarse-en-interiores. Sus cuerpos se devoraron con furor. Dos lenguas se metamorfosearon en un dialecto provenzal, en donde se confundían las expresiones francesas y españolas. Incluso cuando callaban y sólo se acariciaban la espalda y se besaban el cuello, una fragancia de lavanda y de eucalipto los envolvía.”

En medio de esos viajes, sueños y sensaciones, podemos divisar al escritor, modestamente empequeñecido, entrar voluntariamente a su jaula dorada para vivir en ella, y escribir inscripciones secretas y seguir contemplando el vapor de trenes [de vapor] que ya no existen.

Jeannette Insignares, Directora Editorial

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Margarita Valencia

Y la jaula se ha vuelto pájaro agrupa catorce cuentos en categorías que aluden al movimiento (ir, volver, andar en círculo), pero este es más bien ligera conmoción, el revuelo de una brisa que se cuela por la ventana y hace que una hoja de papel se eche a volar (…) Borges y Cortázar planean sobre la prosa y sobre los temas; también el cine: a veces el narrador funciona como una cámara. Hay insinuaciones, citas, guiños, pero no pesan sobre el lector, que está en libertad de admitir su presencia o de ignorarlos.  Bejarano se limita a proponer la vida como una suma de momentos, no necesariamente regidos por la causalidad. “Así pasaban los días, de-par-en-par, y se gastaban sin dejarme nada”.

Jeannette Insignares

Trenes, películas, libros, música, ciudades que se entrelazan como las escaleras de Escher, en donde una escalera lleva a otra pero retorna al mismo escalón de partida porque, incluso, esos viajes aparentemente de una sola ida, permiten al protagonista buscar algo que solo podía hallar en ese viaje.

 

Aquiles Cuervo

Escribir es como trazar una línea invisible en una tela gigante que algunos llaman cuadro y que yo llamaría simplemente Azar.

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